Resumen Capitulos 27 a 55

RESUMEN DE LOS CAPITULOS 27 A 55

Capitulo 27
……..En realidad Maese Pedro era Ginés de Pasamonte uno de los galeotes a los que Don Quijote había liberado en anteriores aventuras. Ginés se había hecho titiritero y se ganaba la vida yendo por los pueblos, pero antes de entrar en cada pueblo se enteraba de cosas recientes que habían pasado y así fingía que el mono era adivino. Antes de entrar en la venta había reconocido a Don Quijote y así se pudo ganar la confianza de los que se encontraban en la venta.
Cuando Don Quijote se marchó de la venta se encontró al escuadrón del rebuzno que iba armado en busca de sus burladores. Don Quijote para evitar una tonta batalla les dijo a los del rebuzno que en este mundo solo había cuatro razones por las cuales había que coger las armas para pelear y se las nombró como estas: en defensa de la fe católica; en defensa de su propia vida; en defensa de la honra, la familia y la hacienda; o en servicio de su rey.
Ya estaban totalmente convencidos de dejar las armas cuando Sancho dijo que tampoco se debían enfadar tato por un rebuzno ya que él cuando era pequeño rebuznaba tan bien que todos los asnos de su pueblo le respondían. Y entonces Sancho emitió un fuerte rebuzno y uno de los del pueblo pesando que se estaba burlando del le tiro del asno y comenzaron a apedrear a Sancho y a Don Quijote, que había salido en su ayuda. Después de ser apedreados Sancho y Don Quijote salieron corriendo de cerca de los del pueblo del rebuzno.

Capitulo 28
Cuando Don Quijote y Sancho se dieron cuenta de que no les seguían se pararon y Don Quijote le reprochó a Sancho el que se hubiera puesto a rebuznar ya que estaba claro que con eso iba a conseguir que se enfadaran. Sancho le reprocho a su vez a Don Quijote el que se hubiera ido ya que nunca había visto a un caballero que dejara a su escudero atrás viendo como le apaleaban. Don Quijote respondió que en la historia otros muchos caballeros habían esperado otro momento para atacar mientras su escudero luchaba contra una multitud.
Continuaron su camino para mas tarde parar en una alameda a pasar la noche. Por el camino Sancho le dijo a Don Quijote que haría mejor yéndose a su casa ya que además de no ganar nada las deudas de Don Quijote hacia él mismo comenzaban a no pagarse nunca. Don Quijote al oír esto comenzó a insultar a Sancho diciéndole que era un burro y que nunca podría hacer nada para remediarlo, según Don Quijote lo único que tendría que hacer Sancho seria admitir lo tonto que era. Sancho al oír esto se echo a llorar admitiendo que era un tonto sin remedio.
Entraron en la alameda y pasaron allí la noche. Al día siguiente prosiguieron su camino hacia Zaragoza.

Capitulo 29
A los dos día llegaron Don Quijote a la orilla del río Ebro donde Don Quijote vio un barco sin remos ni velas amarrados a la orilla. Don Quijote sé pensó que era una nueva aventura en donde debía montarse en el barco e ir a rescatar a un caballero. A pesar de que Sancho le avisó que el barco era de unos pescadores Don Quijote no le hizo caso y se montaron ambos en la barca.
Una corriente les llevó hacia unas grandes aceñas que había en la mitad del río. Los molineros que vieron como Don Quijote y Sancho se iban sobre las ruedas de las aceñas les tiraron de la barca con unos palos yendo luego los molineros detrás de Don Quijote y Sancho para evitar que se ahogaran.
Después de esto los molineros le pidieron a Don Quijote que les pagara los daños, Don Quijote les dijo que lo haría con la condición de que liberaran al caballero que tenían prisionero. Los molineros al no entenderle le pidieron el dinero a Sancho el cual se lo dio sin ningún problema.
Don Quijote y Sancho viendo que esa aventura estaba reservada para otros caballeros se marcharon del lugar volviendo a su camino hacia Zaragoza.

Capitulo 30
Después de lo hecho se marcharon del río pensando cada cual en sus cosas, Don Quijote claro esta pensando en Dulcinea.
Al día siguiente de esta aventura, cuando Don Quijote y Sancho proseguían su camino encontraron a una Duquesa y a un Duque a los cuales Don Quijote presento su deseo e intención de servir en cuanto hiciese falta. La Duquesa y el Duque habían reconocido a Don Quijote ya que habían leído con anterioridad la primera parte del Quijote.
Don Quijote y Sancho acompañaron a los Duques hacia su castillo ya que ambos Duques eran lectores de libros de caballería y querían pasar unos días con Don Quijote.

CAPITULO 31
Antes de que Don Quijote llegara a la venta los Duques se habían adelantado para explicar a los criados como debían tratar a Don Quijote. En cuanto llegó Don Quijote a la casa de los Duques se dio cuenta de que realmente era un caballero famoso ya que todos en la venta le trataban de una manera totalmente caballeresca, aunque Don Quijote no se dio cuenta de que en realidad le estaban tomando el pelo.
Después de que las doncellas le hubiesen quitado a Don Quijote las armaduras se dispusieron todos a cenar. En ese momento se produjo una discusión cortes, entre el Duque y Don Quijote, acerca de quien debía presidir la mesa. Finalmente fue Don Quijote quien presidió la mesa. En ese momento Sancho contó una historia mediante la cual avergonzó a Don Quijote por ser él quien se encontraba presidiendo la mesa. Para evitar el apuro de Don Quijote la Duquesa se vio obligada a preguntarle a Don Quijote acerca de Dulcinea.
En ese momento el Cura que acompañaba a los Duques, Don Quijote y Sancho se dio cuenta de quien era el que estaba sentado en la mesa junto a ellos comenzó a insultar a Don Quijote diciendo que era un loco y que tenia la cabeza llena de tonterías y le dijo que seria mejor se fuese a su casa y que dejase de hacer el ridículo.

CAPITULO 32
Don Quijote al ver que quien le insultaba era un clérigo únicamente le contradijo dando un discurso en defensa de la caballería andante tan bueno que consiguió que Sancho se emocionara y diera muestras de disfrutar escuchando a Don Quijote.
Después de ese discurso el Cura le preguntó a Sancho si realmente él era Sancho Panza y Sancho para probarlo contesto con una retahíla de refranes propia de su personalidad. En ese momento el Duque le dijo a Sancho que él le concedería el gobierno de la ínsula que le había prometido Don Quijote, Sancho al oír esto se volvió loco de la alegría. El cura a su vez criticó el que los Duques, que se suponen que estaban cuerdos permitían que Sancho y Don Quijote siguiesen locos y no hacían nada por impedirlo, el Cura añadió además que él se quedaría allí hasta que Don Quijote y Sancho se fueran.
Después de cenar aparecieron unas doncellas que comenzaron a lavarle la cara a Don Quijote el cual pensó que era la costumbre del lugar. Al poco tiempo las doncellas que le lavaban la cara fingieron que se quedaban sin agua culminando así la primera broma que le gastaron a Don Quijote. Los Duques al ver esto se rieron de gran manera pero para que el caballero no se diese cuenta de la broma se lavaron también ellos la cara.
Después de esto se retiraron Don Quijote y la Duquesa la cual le preguntó a Don Quijote acerca de sí Dulcinea existía realmente o si era causa de su imaginación. Don Quijote le dijo que si Dulcinea existía o no era algo que no merecía hablarse pero que dentro de él mismo estaba y con eso valía, explico también que si Sancho había visto a Dulcinea mal vestida era por causa de los encantadores que al no poder perjudicar a Don Quijote lo intentaban con Dulcinea.

CAPITULO 33
Mientras Don Quijote se acostaba la Duquesa y sus doncellas se quedaron hablando con Sancho el cual les contó que nunca había visto a Dulcinea y que le mintió a su amo diciéndole que aquellas tres campesinas estaban encantadas y que una de ellas era Dulcinea.
La Duquesa en ese momento decidió engañar también a Sancho y le dijo que no era mentira lo que le dijo a Don Quijote sino que había sido toda verdad y que no se lo había inventado él. Sancho se creyó todo lo que la Duquesa le decía ya que no se podía ni imaginar que alguien como la Duquesa podía querer burlarse de él.
Después de hablar con Sancho la Duquesa acordó junto con el Duque que le iban a hacer a Sancho y a Don Quijote la broma más grande que jamás se haya hecho.

CAPITULO 34
Después de uno días se llevaron los Duques a Don Quijote de montería, después de unas horas, cuando era de noche, montaron las tiendas entorno a un fuego para pasar la noche. Al cabo de un rato se dieron cuenta de que una procesión de carros se acercaba, según un personaje que iba en una de las primeras carretas era el diablo que venia en nombre de Motesinos y que le iba a revelar la manera de desencantar a Dulcinea.

CAPITULO 35
En el ultimo carro apareció una extraña ninfa, con la cara desgarrada, que decía ser Merlín el encantador, el cual se conmovió al ver a Dulcinea convertida en rústica aldeana y decidió que la única y exclusiva manera de que Dulcinea volviese a tener la misma belleza que antes, Sancho se debía dar tres mil trescientos azotes en las posaderas.
Sancho al oír esto le dijo a Don Quijote que no pensaba dárselos ya que él no tenia ni la mas mínima intención de que Dulcinea volviese a su estado natural, además dijo que si era Don Quijote el que tenia tanta intención en volver a ver a Dulcinea bien que se diera el los trescientos azotes y que no se lo pidiera a Sancho ya que él no tenia culpa ninguna.
En ese momento intervino el Duque el cual dijo que sino accedía a darse los azotes no le daría el gobierno de la ínsula ya que demostraría ser un gobernador muy dura. Sancho al oír esto accedió con la condición de que el debía decidir cuando se daría los azotes y que no deberían hacerle sangre y además dijo que no debería haber nadie que se los contara y que se tendrían que fiar de lo que él dijera.

CAPITULO 36
Al día siguiente Sancho le comenzó a explicar a la Duquesa que ya se había dado unas cuantas palmadas en la espalda ya que no creía que mereciese la pena el azotarse para que otros obtuvieran la recompensa. La Duquesa al oír esto le dijo a Sancho que debía de buscar otro método para azotarse ya que el darse palmadas en la espalda no servia absolutamente de nada.
Sancho le enseño a la Duquesa una carta que tenia pensado mandar a su mujer en la cual le contaba que estaba a punto de irse a gobernar la ínsula que el Duque le había prometido y que la Duquesa no hacia mas que besarle la mano con lo que ella también debería hacerlo. También le dijo a su mujer que estaba deseando ir a gobernar la ínsula para ver si así conseguía algo de dinero. Al oír esto la Duquesa contestó que se mostraba un poco codicioso y que un buen gobernador no se tenia que mostrar codicioso.
Después de esto se fueron al jardín a comer y mientras comían vieron como se acercaba un obre que sé hacia llamar Trifaldin, escudero de la condesa Trifaldi, el cual en realidad era el mayordomo del Duque que se había hecho pasar por Merlín un par de capítulos mas atrás. Este personaje decía que la Condesa Trifaldi estaba esperando fuera y quería hablar con Don Quijote porque le necesitaba por temas caballerescos. Don Quijote y el Duque accedieron a que entrara y esperaron a que llegara.

CAPITULO 37
Mientras todos estaban esperando a que la condesa Trifaldi hiciese aparición se produjo una conversación entre Sancho, la dueña doña Rodríguez y la Duquesa en la cual cada uno dio su opinión acerca de si este tipo de mujeres tienen alguna función en este mundo o si simplemente sirven para adornar y para tener ocupado un puesto en la sociedad que luego no sirve de nada y lo único que hace es gastar dinero publico con su mantenimiento.

CAPITULO 38
Cuando la Trifaldi apareció, precedida de doce doncellas, pregunto si se encontraban allí Don Quijote de la Mancha y su escudero Sancho Panza. Cuando Don Quijote y Sancho se presentaron ante ella comenzó a contarles su historia, con una voz ronca y poco femenina.
Ella había ayudado a una princesa, Antonomasia hija y heredera del rey Archipiela y de la reina Maguncia de Candaya, a conseguir el amor de un caballero llamado Don Clavijo. Debido a su intención Antonomasia se había entregado a Don Clavijo y tenían intención de casarse.

CAPITULO 39
Cuando la madre de Antonomasia se entero de que su hija se había casado con un hombre de linaje mas bajo que ella, se enojo tanto que a los tres día murió. Un día después de su muerte apareció el gigante Malambruno, primo hermano de la madre de Antonomasia, en un caballo de madera y para vengarse de la muerte de su prima convirtió a Antonomasia y a Don Clavijo en estatuas de diversos metales. Y para culminar la venganza hizo crecer barbas a todas las doncellas del palacio para vengarse así de la intercesión de la Trifaldi.
Una vez dijo eso y para que los allí presentes se lo creyeran se descubrieron la cara y mostraron como tenían todas unas barbas bastante considerables.

CAPITULO 40
Después de haberle contado la historia a Don Quijote le acabo pidiendo que por favor fuese a luchar con Malambruno ya que este había dicho que solo desharía el encantamiento en caso de que Don Quijote de la Mancha fuese a luchar contra él. Cuando Don Quijote acepto la Trifaldi le dijo que Malambruno había dicho que mandaría un caballo de madera, llamado Clavileño, el cual llevaría a Sancho y a Don Quijote a donde se encontraba él, que estaba a 3220 leguas por el aire y en línea recta sobre Clavileño.

CAPITULO 41
Por la noche llevaron a Don Quijote y a Sancho hacia el caballo y le dijeron que deberían taparse los ojos porque la altitud que iban a alcanzar era muy grande y le podían marear. Don Quijote y Sancho accedieron, y al momento les dijeron que para activar el caballo había que mover una clavija que se encontraba en el cuello del caballo. Y para bajarse del caballo cuando llegasen tendrían que esperar a que este relinchara.
Cuando Don Quijote apretó la clavija todos los allí presentes se despedían como si realmente se estuvieran moviendo, incluso imitaban el calor de la altitud y el movimiento del viento. Al cabo de un rato los allí presentes encendieron la cola de Clavileño el cual al estar lleno de cohetes salió disparado por el aire tirando a Don Quijote y a Sancho al suelo. Cuando se levantaron vieron que no se habían movido de lugar y que a su alrededor estaban los mismos personajes que antes y observaron también que junto a ellos había una lanza con un mensaje el cual decía que Don Quijote había vencido con solo intentarlo y que Malambruno se contentaba con eso y había desencantado a la Trifaldi y a sus doncellas. También decía que igualmente se desencantaría Dulcinea en cuanto Sancho cumpliera lo prometido. Cuando el Duque leyó la carta felicito efusivamente a Don Quijote por su hazaña.
Sancho le dijo a la Duquesa que durante su viaje en Clavileño se había quitado el pañuelo y había visto como el mudo y las personas eran muy pequeñas desde esas alturas, la Duquesa al decirle que eso era imposible Sancho le respondió que mediante el encantamiento nada era imposible. Sancho prosiguió contando que había estado tan cerca del sol que había podido comprobar que realmente era muy grande, también dijo que se habían detenido en la constelación de las siete cabrillas ya que como Sancho había sido cabrero se entretuvo un poco con ellas.

CAPITULO 42
Cuando los Duques se dieron cuenta de que las bromas funcionaban y Don Quijote y Sancho no se daban cuenta de nada decidieron proseguir con ellas para reírse más. Mas tarde el Duque le dijo a Sancho que se preparara por que al día siguiente irían a la ínsula en la que Sancho gobernaría. Al oír esto Don Quijote se apartó con Sancho un momento para aconsejarle acerca de cómo tenia que comportarse como gobernador de una ínsula.
Primero la aconsejó acerca del alma. Don Quijote le dice que se haga amigo de Dios, que no se avergüence de su linaje ya que si no se avergüenza él nadie se avergonzara nunca de él. También le dijo que en caso de que fuesen sus parientes a visitarlos que no los desprecie y en caso de que enviudase que supiera elegir bien a la mujer ya que en ocasiones son estas las que ayudar a gobernar. También le dijo que juzgase igual a un rico que a un pobre pero que atendiese mas a las lagrimas de un pobre ya que son los que no tienen nada en este mundo.

CAPITULO 43
En este capitulo Don Quijote le comienza a dar consejos a Sancho acerca del cuerpo.
Don Quijote le dice a Sancho que se debe de mantener limpio y aseado, que no debe de comer nada que le haga oler mal, que no debe comer demasiado ni muy deprisa por que sin no puede dar una mala impresión y también le dice que no diga tantos refranes como solía decir siempre ya que le harían quedar muy mal.
Don Quijote al final le dice que debe de gobernar bien ya que las responsabilidades que acarrearan su mal gobierno caerían también sobre él y no quiere sentirse culpable de ningún mal mandato. Sancho al oír esto le dice a Don Quijote que si él lo desea dejara el cargo de gobernador ya que no quiere que su amo sufra consecuencia alguna de lo que él pueda hacer mal. Don Quijote al oír que Sancho está dispuesto a dejar de ser gobernador de una ínsula para que él no que de mal en ningún momento le dice Sancho que merecería mil ínsulas ya que sus razonamientos son sabios y correctos.

CAPITULO 44
Al partir Sancho hacia su ínsula se despidió de todos y se montó en el Rucio y comenzó su camino. Con él estaba el mayordomo, que había fingido ser la Trifaldi, al verlo Sancho se lo comentó a Don Quijote el cual al comprobar que lo que Sancho decía era cierto se quedó frustrado y acabo diciendo que eso no podía ser así ya que seria una gran contradicción.
A la marcha de Sancho se quedó Don Quijote solo y al notarlo la Duquesa le ofreció un par de doncellas para que le sirvieran. Don Quijote las rechazó diciendo que él era un caballero andante y no necesitaba doncellas de ningún tipo. Cuando Don Quijote estaba apunto de marcharse a la cama abrió la ventana y vio como una doncella, Altisidora, cantaba un romance burlesco en el cual declaraba su amor a Don Quijote.
Don Quijote al oír esto le dijo a Altisidora que él ya tenia una dama y que por nada le seria infiel. Y mediante varias comparaciones reafirmó su amor hacia Dulcinea del Toboso, su dama.

CAPITULO 45
Cuando Sancho llegó a su ínsula, Barataria, le recibieron con mucho afecto y cariño. Al verle le llevaron a la iglesia y allí le dieron las llaves de la ciudad y le admitieron como gobernador perpetuo.
Al momento le llevaron al juzgado donde comenzó a ejercer como gobernador en unos juicios que le presentaron los habitantes de la ínsula.
En el primer juicio le sucedió lo siguiente: era un señor que le fue a pedir a un sastre que le hiciera una caperuza con un tipo de tela que él le llevaba, pero como era tan desconfiado y temía que el sastre se quedara con un trozo de tela le dijo que le hiciera las máximas posibles, al final el sastre le dijo que le podía hacer cinco caperuzas. El problema estaba en que el sastre había hecho unas caperuzas diminutas haciendo caso a que el hombre quería cinco. Entonces el sastre le exigía al hombre el dinero que se había ganado haciendo esas caperuzas, mientras que el hombre le exigía al sastre el trozo de tela que le había dado. Sancho al ver esto decidió que ninguno de los dos tuviera lo que pedía ya que ambos habían sido muy desconfiados con el otro.
La segunda historia contaba lo siguiente: un hombre había recibido prestados diez ducados y no se los quería devolver a su dueño original porque decía que ya se los había devuelto. El primer hombre le dio al segundo una caña que tenia en la mano y juro ante todos que ya se los había devuelto y entonces se fue recuperando su caña antes. Sancho al darse cuenta de esto le mando que le diese la caña al hombre que le había dejado los diez escudos y le dijo que con la caña ya estaba pagado. La sorpresa vino cuando el hombre rompió la caña y vio que dentro de ella estaban los diez escudos.
En el tercer caso se contaba lo siguiente: una mujer llegó ante Sancho diciendo que un hombre la había forzado en mitad de un camino y no la quería indemnizar. El hombre decía que la mujer se le había ofrecido y que ya le había pagado lo justo por esos trabajos. Sancho le dijo al hombre que le diese una bolsa que tenia llena de dinero, y cuando se fue la mujer le mando salir detrás de ella para recuperar la bolsa. Al cabo de un rato regresaron el hombre y la mujer solo que ambos unidos a la bolsa ya que la mujer no la quería soltar por nada del mundo. Sancho al ver esto le dijo a la mujer que se hubiera puesto tanto empeño en defenderse como lo esta poniendo ahora en agarrar la bolsa nadie la habría forzado en el campo. Les mando ir y le devolvió la bolsa de dinero al hombre.

CAPITULO 46
Un día al salir Don Quijote se encontró a Altisidora y a una amiga, al ver a Don Quijote Altisidora fingió que se desmayaba para que Don Quijote se fijase en ella. Don Quijote al verla le dijo a su amiga que esa noche se quedaría él mismo haciendo la compañía para que se desengañara. Por la noche comenzó a cantarle un romance a Altisidora en el cual le decía que el solo estaba enamorado de una mujer y que sus sentimientos no se cambiarían por nada ni por nadie. En el jardín estaban las Duques y otras gentes del castillo.
Desde un corredor cercano a la reja de Don Quijote descolgaron un saco lleno de gatos los cuales al meterse en la habitación de Don Quijote comenzaron a montar un escándalo tan grande que parecía que en la habitación se estaba librando la mayor batalla jamás vista. Don Quijote pensó que la habitación estaba llena de encantadores y, puesto que estaba a oscuras, comenzó a dar espadazos contra los gatos. Entonces uno de los gatos se le subió a la cabeza y le araño y mordió la cara.

CAPITULO 47
En la ínsula de Sancho era la ora de comer y sus sirvientes le llevaron a un gran palacio donde le iban sirviendo grandes platos de comida. Con el pequeño inconveniente de que cada vez que tenia un plato de comida delante un medico que estaba junto a él mandaba que se lo quitaran con lo cual es fácilmente imaginable el hambre que estaba pasando el pobre Sancho.
Cuando Sancho estaba apunto de comer algo decente llegó una carta del Duque diciendo que existía una conspiración contra él y seria recomendable que no comiera nada de lo que le ofrecían. Entonces Sancho sé tubo que contentar con un racimo de uvas y un poco de pan.
Mientras Sancho comía la poca comida que le permitían comer apareció un labrador que le comenzó a contar su vida. Sancho después de escucharle le pregunto que era lo que quería. Entonces el labrador le pidió a Sancho que le diese 300 o 600 ducados para poder celebrar la boda de su hijo y una carta para que su futuro consuegro accediese a la boda con su hijo.
Sancho se enfado tanto al oír esto que el medico que estaba allí le prometió darle de comer para evitar enfados similares.

CAPITULO 48
En una de las noches en que Don Quijote dormía apaciblemente escucho como alguien entraba silenciosamente en su habitación. Pensando que era Altisidora que quería perturbar su honestidad se puso de pie encima de la cama. Al entrar la dueña Rodríguez vio a Don Quijote de esa manera y ambos se asustaron enormemente.
Después de ese susto la dueña comenzó a decirle a Don Quijote que le necesitaba por temas caballerescos.
La señora comenzó a contarle a Don Quijote su historia, en la cual decía que ella tenia una hija que había sido seducida por el hijo de un siervo del Duque, el cual le había pedido matrimonio a la pobre niña. También le dijo a Don Quijote que ya le había pedido con anterioridad al Duque que la ayudara pero este no le hacia caso a la dueña por que este labrador solía prestarse dinero y arreglarle algunos chanchullos.
En un momento de su conversación la dueña comenzó a meterse con Altisidora y con la Duquesa. Después de haber dicho esto la dueña se apagaron las luces de extraña manera y Don Quijote y la dueña comenzaron a recibir pellizcos a azotainas. Después de esta peculiar batalla ambos acosadores se marcharon de la habitación, la dueña salió de la habitación de Don Quijote llorando y Don Quijote se quedó sin saber que extraños encantadores le habían hecho eso.

CAPITULO 49
De vuelta en la ínsula de Sancho este se empeño en hacer una ronda de noche para ver la clase de gente que se paseaba por su ínsula de noche y limpiarla a ser posible de mala gente.
En esta ronda vio, primero, a un muchacho que le dijo que nadie conseguiría hacer que él durmiera una sola noche en la cárcel, al preguntarle Sancho si era por que dudaba de su autoridad el muchacho le dijo que no era cuestión de autoridad sino que él se pasaría toda la noche sin dormir.
Después de esto vio Sancho a una muchacha vestida de niño a la cual le preguntó porque iba vestida de esa manera. La muchacha le contó a Sancho que se había disfrazado de niño por que su padre no la dejaba salir desde que había muerto su madre. Entonces entre su hermano y ella habían decidido cambiarse las ropas para que así pudiera salir sin que su padre se diera cuenta. Después de haber oído esto Sancho decidió llevar a la muchacha a casa.
Después de esta noche Sancho seguía demostrando a todos los habitantes de la ínsula su gran sensatez y juicio.

CAPITULO 50
Volviendo a la casa de los Duques se nos cuenta que los “encantadores” que habían dado una paliza a Don Quijote y a la dueña Rodríguez eran en realidad la Duquesa y Altisidora que habían estado escuchando todo lo que la dueña decía de ellas y en señal de venganza decidieron apalear a Don Quijote y a la dueña.
Prosiguiendo con las bromas de los Duques estos decidieron mandarle a Teresa Panza una carta en donde le contaban las hazañas de Sancho y le mandaban unos cuantos regalos. Cuando Teresa Panza leyó la carta se maravillo de todo lo que su marido estaba consiguiendo y salió rápidamente a contárselo a todo el mundo. Cuando el Cura y Sansón se enteraron de que Sancho estaba de gobernador de una ínsula se quedaron asombrados y maravillados de lo que le estaba sucediendo a Sancho.
Teresa Panza decidió mandarle mediante el paje una carta para Sancho y otra para la Duquesa agradeciéndole todo lo que estaba haciendo por Sancho.

CAPITULO 51
Volviendo a la ínsula de Sancho este regresó a sus obligaciones como juez.
Se le presentó un caso en el cual se contaba lo siguiente. Esto era un terreno dividido por un río; el río era atravesado por un puente, al final del puente había una orca y una casa en la cual se juzgaba a todo aquel que pasara de forma que aquel que mintiera al preguntarle a donde iba seria ahorcado. Por lo general todos decían la verdad pero un día se les apareció un hombre que dijo que únicamente venia a morir en la orca. Pero los jueces con supieron que hacer ya que si le ahorcaban el hombre habría dicho la verdad y no habría merecido morir, pero si le dejaban ir el hombre había dicho mentira y merecería ser colgado en la orca.
Sancho después de pensar detenidamente recordó algo que le había dicho Don Quijote, lo cual decía que cuando la ley estuviese en duda debería decantarse del lado de la pobreza y humildad. Con lo cual Sancho les dijo que dejaran ir al hombre.
A los pocos días Sancho recibió una carta de Don Quijote en la cual Don Quijote le daba nuevos consejos para gobernar la ínsula. Sancho al poco tiempo le contesto comentándole el problema que tenia con el doctor y la comida.

CAPITULO 52
En la casa de los Duques Don Quijote le comunicó al Duque que iba a ir a buscar al labrador que había burlado a la hija de la dueña y que le iba a matar a menos que cumpliese su palabra. El Duque le dijo a Don Quijote que él le daría el recado al labrador y le ordenaría ir al castillo para que se celebrara allí el desafío.
A los pocos días llegaron de vuelta las cartas de Teresa Panza a la Duquesa y a su marido. En la de la duquesa le contaba la alegría que en ella había causado que Sancho fuese gobernador, también le decía las ganas que tenia de visitar la ínsula de Sancho y le pedía que la siguiera escribiendo contándole como transcurría el gobierno de Sancho.
En la carta a Sancho, que abrió Don Quijote, contaba lo mismo y alguna intimidad mas, también contaba lo bien que estaba pasando el tiempo Sanchica.

CAPITULO 53
En la ínsula de Sancho era de noche cuando le despertaron diciéndole que se armara porque estaban invadiendo la ínsula. Sancho alarmado se dejó armar con dos grandes escudos, uno por delante y otro por detrás, de entre los cuales sacaba la cabeza, las piernas y los brazos. También le dieron una lana para que se defendiese y saliera a la batalla.
Una vez en la batalla Sancho cayó al suelo al poco de salir y quedó tendido en el suelo sin poder moverse. Los que estaban fingiendo la batalla apagaron las antorchas para que Sancho no les reconocieran y comenzaron a pasar por encima de Sancho una y otra vez.
Después de esto los burladores levantaron a Sancho y comenzaron a felicitar por su gran batalla. Sancho al oír esto se desmayo del cansancio y del susto y se quedó dormido.
Al día siguiente Sancho preparó al rucio y decidió marcharse, todos los que allí estaban decidieron convencerle para que se quedara pero Sancho dijo que él no había nacido para ser gobernador y que se iba del gobierno tan pobre como había llegado a él.

CAPITULO 54
Los Duques eran conscientes que el labrador se había marchado de sus tierras para no tener que ser pariente de la dueña Rodríguez. Entonces para que se pudiera celebrar el desafío mandaron a un criado que suplantara al labrador y le dieron instrucciones concretas.
Mientras tanto Don Quijote se encontraba excesivamente contento ya que por fin podría demostrar a los Duques hasta donde llegaba su valor.
Entre tanto Sancho volvía a la casa de los Duques para incorporarse con Don Quijote a sus aventuras. En su camino encontró a unos peregrinos entre los cuales estaba un amigo suyo que vivía con anterioridad en el pueblo de donde era Sancho. El amigo de Sancho y él estuvieron un rato hablando de la expulsión que había hecho que el amigo de Sancho, el cual era morisco, se tuviera que ir de España. Este amigo de Sancho le contó que estaba de vuelta en España porque había regresado a buscar un tesoro que había dejado escondido. Le dijo a Sancho que si le quería ayudar pero este se negó y después de esto se separaron y cada uno prosiguió su camino.

CAPITULO 55
Mientras Sancho volvía a casa de los Duques se le hizo de noche e intentando buscar un lugar para descansar se cayó en un hoyo muy profundo del que no podía salir sin ayuda. Se pasó la noche lamentándose y a la mañana siguiente vio que en una pared del agujero había un camino por el cual se metió. Al fondo del camino pudo ver que había claridad y que había una salida, pero era también muy alta.
Cuando Sancho se puso a dar voces para ver si alguien le oía. Al poco tiempo se dio cuenta de que arriba del agujero se encontraba Don Quijote al que, para convencerle, le tubo que contar todo lo que le había sucedido en la ínsula y él por que de que estuviera ahora en el fondo de un agujero.
Al cabo de un rato volvió Don Quijote con muchas personas con cuerda para sacar a Sancho y al asno del agujero.
Después de salir dl agujero Sancho le contó todo lo sucedido a los Duques y estos prometieron darle en un futuro el gobierno de una ínsula menos conflictiva y más tranquila.

Published in: on agosto 18, 2007 at 12:58 am  Comments (1)  

jksdasjda

Published in: on agosto 2, 2007 at 11:20 pm  Dejar un comentario  
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.